10.14.2014

Nadie nos dijo que fuese así

Aquí, ahora. En este purgatorio terrenal en el que nos consumimos los unos a los otros por necedades, por pancartas que proclamen cuán hondo es nuestro egoísmo, nuestra codicia, nuestra sed de sangre y venganza. En este continuo fluír de mentiras y juicios al aire, de promesas vacías e ilusiones rotas, de repente, en un suspiro imperceptible e irrisoriamente sencillo de exhalar, alguien encuentra la paz, su paz, una vía de escape, un motivo para seguir un día más al pie del cañón.

Algo tan mágico, un lazo tan fuerte. Una fuente de equilibrio espiritual, de ganas de vivir y otorgar vida. Gritar, reír, respirar. Ver la luz, vivir en ella. Sentir cada mañana que existe un motivo, pasar las horas entre memorándum fugaces. Volver a casa o salir de ella, siempre con la seguridad latente, la confianza ciega, esa sensación cálida en lo más profundo del pecho síntoma indudable de su existencia.

Y tú que sin saberlo me has hecho tanto bien. Me pregunto cómo podría llegar a hacerte comprender que aquí, ahora, en este purgatorio fatal en el que nada existe sino el qué dirán, donde millones de dardos envenenados surcan el aire en pos de almas inocentes, tú, eres mi todo.


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