4.10.2014

VCR



Siempre supuse que si tuviese que escoger una canción como banda sonora para su entrada triunfal (a cámara lenta, como en las películas que prometen ser), sería Another Brick in the Wall de Pink Floyd. Puede que su figura estirada y cuasiesquelética apareciese en lo alto de una carretera de la Ruta 66, en medio de un paisaje árido, con un sol de justicia sobre los hombros y un calor abrumante y tembloroso agarrado a sus inconfundibles y estrechos pantalones vaqueros de Mod entregado. Vestiría para gritarle al mundo que le importa una mierda lo que se diga, piense o invente sobre él y fumaría un peta despacio justo antes del primer estribillo. Se pasaría una mano encallecida (aun con el humo entre los dedos), por la cabeza recién afeitada y, acto seguido, sonreiría aspirando y espirando fuerte, como un dragón singular con una nariz torcida y demasiado grande para semejante estructura ósea.

Caminaría despacio pero sereno, con un norte definido, una ruta mental establecida, la mirada fija en el horizonte, en la pantalla, en nosotros al fin y al cabo. El desierto se haría su hermano y teñiría su piel de color parduzco, fumaría con las estrellas especulando sobre la posibilidad de permanecer en ese estado salvaje hasta el final. Soñaría con no volver nunca a la civilización, a los edificios infinitos, a las ciudades donde no se puede ver el cielo, a las mañanas que jamás se acaban porque las responsabilidades así lo requieren, a los fármacos que no se secan al aire, a los uniformes que marcan "Adulto Responsable" (pese a que las leyendas digan lo contrario). A la sociedad llena de mentiras y mentirosos, paletos, engreídos, pusilánimes, rostros indefinidos, cuatro gatos y un par de cervezas que de verdad merezcan la pena.

Nunca fue convencional ni domesticable. Es por eso que sin lugar a duda una historia como hijo rebelde del sol y el peyote, acompañado por Syd Barrett y compañía, le hace mucha más justicia que lo que dicen las malas lenguas: susurrando que vive entre cuatro paredes, hasta arriba de páginas polvorientas, sin un ápice de filosofía.

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