3.20.2013

Cambiar de rumbo



El verano le rozaba los talones desnudos, miles de partículas se posaban elegantemente sobre su piel.

Podía intuír sus labios apretados, sus ojos cerrados. Sus ganas de escapar.
La maleta descansaba a un lado. Abultada, probablemente incompleta.
Hecha con prisas y sin dejar una nota.

Sus manos, inmóviles sobre el regazo, crispadas en torno a un billete de tren sin retorno, no se inmutaban ante los rayos de sol que las iluminaban débilmente desafiando su transparencia etérea y liviana.
Como una pluma,
sobre los labios de un ángel.

La miré a los ojos y soplé delicadamente sobre su frente. El pelo se movió y pude contemplar un mar de dudas en un lienzo cuasiperfecto. ¿Por qué escapas? - formulé despacio sin esperar respuesta -. Nadie suele hacerlo, no pueden verme ni olerme.
Pero ella sí pudo oírme,

Ha robado mi centro de gravedad, mi norte. He de recuperarlo para poder recuperarme. - susurró al viento.

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