11.20.2012

Fire with fire

Reencontrarnos en una esquina de una calle cualquiera, de un barrio desconocido, de una ciudad sin nombre, de un mundo sin futuro.
Mirarnos a los ojos y reconocernos al instante. El uno en el otro, el otro en el uno. Como si el tiempo no hubiese importado una mierda.

Decirte (saberte) que fuiste mía y que, no me importa qué ocurra ahora, quién sea el que te acaricia en las noches frías y oscuras o qué diablos ronde por tu mente. Fuiste mía y lo serás eternamente. Porque lo leo en tus ojos, lo siento en el aire que viaja desde tus labios hasta los míos. ¿Por qué apartas la mirada entonces? Estás perdida. Lo sabes. Lo hueles.

Vuelve a mí, a las noches de pensamientos incoherentes, a los besos que dolían, a los sentimientos que cortaban el aire. Vuelve a liarme los cigarros con tus dedos de niña, vuelve a oler tus yemas y cerrar los ojos por puro placer de la drogadicción. Vuelve a ofrecerme tu vida por una calada. Vuelve a ser para mí y yo seré para tí. Como antes.

Déjame tatuarte en la espalda que te amo. Permite a esta pluma pobre y gastada que te demuestre que supo seguirte hasta el final de tus historias, de tus cuentos, de tus sonetos, de tus devaneos por el mundo de la muerte, de la búsqueda del dragón que nublaba tu mirada (nuestra mirada), en aquellas noches de opio y sueños confusos.

¿Quién te retiene? Ese derecho es mío. Porque tú eres mía. Porque yo soy tuyo.
Lo juramos sobre aquel papel que luego ensalivaste y fumaste sobre mí, ¿recuerdas?

Sonríe mi amor, el destino ha vuelto a unirnos.
No importa ella, no importa él. No importa nadie ni nada que no seamos tú y yo en esta esquina cualquiera, de un barrio desconocido, de una ciudad sin nombre, de un mundo sin futuro.

No hay comentarios:

Publicar un comentario en la entrada