6.26.2012

Retazos de una mente insomne a las 03:23h

Como una rosa en todo su esplendor, sujeta en vilo entre el índice y el pulgar.
De tallo largo y espinoso, corola en abanico rojo,
alegoría poética de una imagen mental.

Su aroma invita a cerrar los ojos, el tacto de sus pétalos se transforma en sonrisa. Sólo sostenerla, tan perfecta y efímera, como si fuese resultado de una alteración transgénica hasta convertirla en prototipo y envidia del resto del jardín eleva el alma, hace que me sienta afortunada de (creer) poseerla y poder cuidarla.
Pero desde el final del tallo hasta su corazón sangre hay un trecho angosto y puntiagudo (nunca mejor dicho). Subir el índice un milímetro ya es de valientes (o de idiotas) y cometer un error de cálculo rompe el hechizo: la púa vegetal penetra en la piel, respingo acto reflejo, la rosa cae al suelo desparramando su belleza en pétalos aislados, ahora tristes y mañana marchitos. Nos llevamos la herida a los labios (a ver si la saliva alivia el susto) y ya nadie se acuerda de la belleza ni del esplendor, aun menos de quien la dejó caer o por qué. No es relevante, otros tendrán más rosas para envidiar.

[...]
Suspiro y cierro los ojos. Sé que la rosa sigue intacta encima de la mesa, envuelta en la metafórica reflexión de madrugada que he creado para ella. Seré tonta, en esta sociedad ya nadie paga por el amor convertido en rosa, no sirve joder, no engancha.
Pero, siempre en contra del viento, sonrío y continúo en silencio, en un fogonazo,
para las miradas atentas.

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